Participación ciudadana electrónica ¿Utopía o necesidad?

“La participación ciudadana, según la wikipedia, está basada en varios mecanismos para que la población tenga acceso a las decisiones del gobierno de manera independiente sin necesidad de formar parte del gobierno o de un partido político”.

El mayor inconveniente con el que nos podemos topar al hablar de participación aparece cuando la epidemia del escepticismo afecta a representantes políticos, personal técnico de las Administraciones o ciudadanos. Respecto a los primeros, si el concepto que manejan de política se acerca al sistema de prebendas, de entrada ya sabemos que está “infectado” y lo tenemos difícil. En cuanto a los técnicos escépticos a menudo piensan “He estado toda la vida haciéndolo de esta manera y ahora me vienen todos estos a decir cómo tengo que hacer mi trabajo”. En último lugar se encuentran los ciudadanos aquejados de esta dolencia, que al final optan por un “Anda y que les den... Total, van a hacer lo que les salga de las narices”.

Los efectos de Internet sobre las relaciones sociales están asimismo promoviendo nuevas formas de relación de los gobiernos con la ciudadanía. Conceptos como teledemocracia, democracia en red, gobernanza, e-ciudadanos, participación electrónica o ciudadanos 2.0 – algunos de ellos bastante cursis -, invitan a imaginar un sistema relacional “gobierno - ciudadanía” fundamentado en la idea de democracia deliberativa más que representativa, ya de por sí bastante desgastada.

Los sistemas web participativos, como el famoso "Consensus" en Cataluña, aportan desde hace años una nueva manera de entender esta relación, de promover y adaptar el intercambio recíproco de información y de democratizar el poder en su sentido originario. Si queremos desarrollar un proceso participativo cualquiera, bajo un formato concreto y en un territorio -rural o urbano- determinado, corremos el riesgo de sectorizar la participación porque pensamos que la disponibilidad del ciudadano es la misma en todas partes. Pero si queremos atraer al máximo posible de vecinos es más factible el uso de un buen portal Web que permita ilustrar de manera pedagógica la información disponible, la publique adaptada al ciudadano medio, le permita manifestar opiniones y entrar en debates colaborativos. Cabe resaltar, en último lugar, que la participación virtual no es sustitutiva de la presencial sino complementaria.

Para demostrar que no es una utopía podemos echar un vistazo a los presupuestos participativos en las localidades brasileñas de Ipatinga o Porto Alegre, o los proyectos DEMOS, Webocracy o EDÉN. Si buscamos algo más cercano, nos encontramos la web www.participacion-zaragoza.com, donde los ciudadanos pueden, con un nombre de usuario y una contraseña, participar hasta en la gestión presupuestaria de su municipio.

En Fuerteventura, la Agenda 21 de Tuineje adaptó una de estas herramientas para el funcionamiento interno de las Comisiones, siendo de gran ayuda para el trabajo conjunto mientras estuvo activa.
Las experiencias descritas anteriormente forman, en su conjunto, parte de un amplio grupo de voces imposible de callar. El campo ha sido sembrado y el cambio es inminente.
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